Durante el día, se recoge una importante variedad de gérmenes al estar en contacto con otras personas y visitar muchos ambientes distintos, ya sea el metro, taxi, la escuela, la universidad, el lugar de trabajo, el bar, el restaurante, el hospital…de modo que la exposición es amplia; paralelamente, nuestro cuerpo elimina agua por los poros, aunque no sea de forma abundante, así que, en las axilas y otros lugares del cuerpo, se mantiene suficiente humedad para desarrollar gran variedad de hongos y bacterias, responsables del mal olor. Una buena praxis sería tomar un baño, preferiblemente, tibio antes de ir a la cama; quedarás limpio y relajado para un buen sueño.

Por otra parte, si fueras a la cama con un microscopio, seguro no te atreverías a poner la cabeza en la almohada por la ingente cantidad de ácaros que hay en ella. Unos bichitos muy feos y poco o nada saludables; así que harías muy bien en darte una ducha fresca al levantarte; te estimula la circulación, te despeja y te libra de esos desagradables huéspedes.

No le temas al agua y jabón que nadie ha enfermado por bañarse, pero por no hacerlo, sí.

De todas formas, evitemos los excesos: ni hora y media en la ducha, ni una pastilla de jabón de cada vez.

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