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Como estar al pendiente de los abuelos en Cuarentena

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Todo ha sucedido tan rápido que nos cuesta asimilarlo. Parece un sueño. Un mal sueño. Las calles se fueron vaciando mientras la vida se replegaba en los hogares. Y a medida que nuestras puertas se cerraban, fuera quedaban otros. 

Así nos hemos visto envueltos en una situación paradójica en la que para proteger a quienes más amamos, hemos tenido que separarnos. Una situación en la que los abrazos que siempre han sanado heridas, se han convertido en potenciales focos de transmisión del virus.

Una situación en la que la cercanía emocional es más necesaria que nunca, pero la distancia física se impone por ley. En esa situación debemos reinventar la cercanía. Necesitamos buscar otros métodos para demostrar que, aunque no estemos físicamente, jamás habíamos estado tan cerca.

Y de repente dijeron: ¡Hágase la distancia!

Hay parejas que, por diferentes razones, están pasando este periodo de aislamiento separadas. Hay hijos lejos de sus padres ancianos, separados apenas por un puñado de kilómetros que ahora, más que nunca, parecen multiplicarse como si de repente el planeta se hubiera expandido. Abuelos que no pueden ver a sus nietos, privados de esa energía que les alegraba la vida.

También hay padres divorciados que no pueden llevarse a sus hijos pequeños a casa para disfrutar de esas horas que normalmente eran un bálsamo para el alma. Y hay personas que están pasando el covid-19 recluidas en su propia casa, en una especie de cuarentena dentro de la cuarentena. Aisladas en una habitación del resto de la familia, tan cerca y tan lejos.

Son muchas historias, diferentes realidades, pero todas tienen un hilo común: la angustia por la distancia.

Abstinencia de abrazos

La vida en los tiempos de pandemia es difícil. Nos ha impuesto un reto complicado porque no solo ha cambiado completamente nuestras rutinas, sino que también nos ha separado de las personas que queremos. Nos ha arrebatado los besos y los abrazos – al menos momentáneamente – que siempre han tenido un poder curativo y tranquilizador.

Los abrazos son una de las formas más íntimas e intensas de expresar nuestras emociones. Son nuestra manera de hablar cuando las palabras no bastan para expresar lo que sentimos.

Los abrazos contribuyen a reducir los niveles de cortisol en sangre, la hormona del estrés, y aumentan la oxitocina, el neurotransmisor que estimula la empatía, la compasión y la confianza.

Por supuesto, no echamos de menos únicamente los abrazos, sino la cercanía física. Esa presencia reconfortante a nuestro lado que nos dice que, pase lo que pase, estará ahí para apoyarnos, ayudarnos y, si es necesario, curarnos. El contacto físico con una persona querida incluso nos ayuda a aliviar el dolor físico, como demostraron investigadores de la Universidad de Haifa.

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